
Escribía en un archivo de Word a través de una PC. No prestaba atención a su entorno debido a la música que sonaba desde su auricular.
Un tercero podía verla bebiendo una infusión caliente, sacudiendo un pie y meneando la cabeza al ritmo de cierta melodía. Si se apagaba el televisor, la radio o un video en el celular, solo podías encontrar el sonido de las teclas.
A veces, se la podía encontrar usando el buscador porque olvidó cómo se escribía una palabra o en qué oración era correcta implementarla. Pero, lo mortificante era encontrarla concentrada en silencio, leyendo sus propias palabras; todo para que terminara presionando Ctrl+E, BackSpeace y volviera a comenzar.
A pesar de tener auriculares, podía escuchar las voces de sus personajes cobrando vida dentro de su cabeza y, a su vez, observar en algún espacio en blanco a las criaturas de su creación, como si en verdad existieran y convivieran con ella.
Al no poseer un espacio dedicado y verse obligada a luchar contra las distracciones, ideó una agenda dentro de su mente; aprovechó cada momento de libertad para fluir con las palabras y cuando estuviera una vez más rodeada, podrían molestarla mientras "no hacía nada".
Escribía sobre sus sueños y, a veces, al escribir, soñaba despierta.
Describiendo a detalle aquellos escenarios tan vívidos que permanecían en su mente y volviéndose ajena a su entorno, alienándose de su realidad.
Escribía sobre lo que sabía pero, también, sobre lo que quería comprender.
Escribía para escapar de la realidad, con solo su gata negra como única compañía en aquel inexplorado mundo de fantasía.
La Doncella de Plata.
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