Maldito el día en que nací. 
     Maldito sea mi nombre. 
     Maldita sea la muerte. 

Mi amada me fue arrebatada, se soltó de mis brazos y desapareció frente a mí, después de aceptar avanzar a mi lado por un camino de rosas rojas. 

No solo las flores cambiaron su color, sino también su forma; los verdes que se ocultaban por el color dominante, se volvieron grises, mientras los blancos dientes de león volaban al viento.

     —¿Escuchaste hablar de la novia muerta?
     —Falleció en el altar de forma trágica.
     —Dicen que falleció después de pronunciar "acepto".

Podía escuchar los rumores sobre mi amada; ella me había sido arrebatada y yo solo me quedé ahí, impotente. Pues la muerte se enamoró de ella, así como la vida se enamoró de mí.

Tan hermosa en su vestido blanco, se transformó en semillas de dientes de león y fue llevaba con la brisa para siempre. 


La Doncella de Plata.

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