
No me considero una persona atractiva.
A mis ojos, estoy insatisfecha con mi apariencia. No soy atractiva.
Quisiera ser bonita.
Más debo aceptar que la belleza es subjetiva.
Que aquello que a mis ojos luce atractivo, a miradas externas puede ser repulsivo.
Me resulta sumamente atractivo el livor mortis.
Me encantan las cicatrices profundas.
Me parece encantadora la imagen de una piel tersa pintada por flores de tonos morados, azulados o verdosos —conocidos como hematomas o moratones—.
Me conmueve la belleza de aquellas personas a las que les cayeron un rayo, conservando en su piel el impacto tan fugaz y agresivo, que no cualquiera vive para contarlo.
Quisiera ser bonita.
Pero mientras siga viviendo en este cuerpo, ese será solo otro sueño.
La Doncella de Plata.
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