
–Estoy listo. –Desinteresado y sin apartar los ojos
del libro, respondió monótono.
–¿Crees que podremos profesar la palabra de nuestro Señor
a aquellas tierras? He escuchado que tienen sus propias creencias y rituales
arraigadas a su cultura.
–También escuchaste que en ese lugar había hombres
lobos y brujas –suspiró, cerrando el libro de golpe para mirar aquellos ojos
azules. –, no creas todos los rumores que escuchas.
–Solo estoy emocionado; la legendaria y mística tierra
pagana, una de las últimas existentes en la tierra de Dios. Creo que nos
volveríamos un tema de conversación si lográramos tocar los corazones de esas
personas y mostrarles el camino del bien.
–Bien. Debemos enseñarles a esas personas sobre el
mundo más allá de sus creencias y mostrarles la verdad. Será pan comido,
siempre hemos cambiado a las personas para bien.
Un par de jóvenes yacían descansando en los asientos
de un vagón de tren vacío, rumbo al tema de conversación, una pequeña ciudad.
Ambos vestían de traje, luciendo como los invitados de una boda, sin embargo,
la actitud de uno era tan rígida como su cabello, mientras que el otro
expresaba ser alguien más relajado.
El viaje era tranquilo; el tren se balanceaba
suavemente por los rieles, acercándose cada vez más a su destino. Al exterior, el
aroma de la tierra mojada y los susurros de las arboledas producían paz al
mezclarse con el tierno canto de las aves, el paisaje se perdía entre los
densos árboles y los rayos del sol luchaban por alcanzar las raíces, ingresando
a través de las hojas de las altas copas como reflectores. Pronto llegarían a
su estación o eso era lo que tenían en mente, sin embargo, una sacudida
repentina arruinaría sus planes; el tren dejó de avanzar y un mensaje por el
altavoz produjo que ambos jóvenes cambiaran sus expresiones.
–Mi cabeza –se quejó el rubio, antes de notar a su
compañero sobre él. –, ¿estás bien?
–Mi pierna –se quejó ahora el castaño. –, creo que me
torcí el tobillo, pero estoy bien. ¡Eso fue tan repentino! –expresó en lo que
era ayudado a moverse.
–Señores pasajeros, lamentamos las molestias, debido a
problemas técnicos les pedimos que tengan paciencia y mantengan la calma,
pronto nos pondremos en marcha nuevamente.
Mientras se escuchaba aquel mensaje, los jóvenes
pudieron ver a las pocas personas que tomaron el primer tren también, habían
desalojado los vagones y parecían tener la intención de continuar su camino a
pie. El joven rubio se peinó con los dedos y atendió la herida de su amigo, no
era alguien profesional, pero por lo menos tenía los conocimientos básicos.
–Esperaremos hasta que el tren esté en marcha otra vez
y atenderemos tu herida en la ciudad, aguanta hasta entonces. –ató su corbata
alrededor de la pierna del castaño.
–No te preocupes, no duele tanto, fue más la impresión
del momento. –sonrió reprimiendo el dolor y el desconcierto. –Estoy bien. Será
más rápido si vamos a pie.
«Siempre restándole importancia a tu propio bienestar»
pensó el rubio, volviendo a peinarse con los dedos de la frustración.
–No, tu pie ahora está hinchado, si lo fuerzas será
peor para tu salud. Esperemos, no tenemos prisa.
Así lo hicieron, esperaron hasta que el transporte
volviera a avanzar, conservándose algo distanciados y callados; uno seguía
leyendo la biblia mientras que el otro dibujaba el rastro de las gotas que se
deslizaban por la ventana, ya bastante aburrido. El primero no pudo evitar
robarle una mirada a su compañero, aquellos ojos azules eran tan expresivos que
podía leer sus pensamientos.
–¿Qué tal si empezamos a avanzar por nuestra cuenta?
Creo que ya habríamos llegado si nos hubiéramos movido por nuestra cuenta…
«Siempre arriesgándote por la anécdota» suspiró, no
respondió y solo cambió la página de su lectura. «Está anocheciendo, sería
peligroso caminar por el barro a oscuras sin un sendero que nos guíe…»
–…, sería una nueva aventura y se volvería una nueva
anécdota para compartir en nuestra hermandad. –interrumpió los pensamientos
ajenos.
–Señores pasajeros, disculpen las molestias, debido a
problemas técnicos les pedimos que por favor desalojen los vagones de
inmediato. Por favor, desalojen los vagones de inmediato.
Ambos se miraron un tanto desconcertados y voltearon a
ver el paisaje nocturno a través de la ventana.
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