
Si ya funaron a los Therians hasta su extinción, entonces, ¿qué será de aquellas personas que comparten los mismos gustos excéntricos por looks alternativos?
No soy el tipo de persona que romantiza y sueña con viajar al pasado, al contrario, estoy agradecida de vivir en una época donde soy libre y tengo derechos humanos. Sin embargo, debo admitir que si he llegado a romantizar de manera subjetiva los escenarios de la literatura y la fantasía, donde todo es ficción, pero comparte su magia con el espectador.
Yo crecí viendo Disney de chiquita y muchos estarán de acuerdo conmigo en que las películas del Disney de antes, aquellas que tenían un narrador icónico, que eran trabajadas a mano hasta en los mínimos detalles y tenían escenarios pintorescos con soundtracks encantadores; aquel Disney no era lo que es ahora, sino una versión de su época dorada.
Y, entre mis películas favoritas se encontraba "Alice in the Wonderland", con el que llegué a obsesionarme, al punto de armar una mesa en el patio, a la sombra de los árboles, y decorarlo con manteles, juguetes y peluches, invitando a los animales y los fantasmas a mi fiesta de té. Puede sonar tierno pensando que se trataba de una nena chiquita con mucha imaginación, hasta que lo volví ritual y, todos los días, a la hora de la merienda, armaba una fiesta de té, incluso con flores en maceta.
Lástima que exorcizaron la casa y mis amigos fantasmas fueron echados.
Siempre fui ese tipo de persona con un gusto particularmente excéntrico y una fuerte atracción por los estilos alternativos, aunque nunca llegué a etiquetarme en ninguna de las subculturas ni vestir como me hubiera gustado.
Yo era esa nena que se la pasaba entre disfraces, máscaras y accesorios, con outfits caóticos, pero cómodos para trepar árboles y realizar actividades. Irónicamente, no me gustaba usar vestidos y detestaba el estilo femenino que me quisieron imponer a partir de las misas y la religión, pero conecté con lo femenino a partir de estéticas como la gótica, la victoriana y la steampunk, entre otras influencias alternativas.
¡SOMBREROS, MÁSCARAS, ACCESORIOS!
¿Quién necesita enemigos cuando tiene a los expertos en criticar sin fundamentos compartiendo tus lazos sanguíneos? Mis familiares, mi haters.
Sin embargo, fue satisfactoria la sensación de haber creado algo por mí misma, con mis manos y poca información que pudiera usar de referencia. Y esa dopamina se esfumó al instante al tocar pasto y saber que mi entorno era tan aburrido, que se te quedaban mirando si ibas disfrazado.
Vivo en una ciudad rural tan primitiva que antes no aparecía en los mapas (Google Maps) e, incluso, para quienes no lo conocen en persona, lo consideran una villa o directamente no tienen idea de su existencia. Y, a diferencia de la estética que me atrae, las personas visten de manera poco original, acosando, señalando y ridiculizando a aquel que vista mínimamente diferente. Pero, por supuesto, existen las excepciones y esos son los locos, los raros, los que realmente son libres de la prisión estética creada como una moda gris para encajar en esta sociedad.
El mundo fue hecho por los locos para los cuerdos.
Pero tal vez me extendí escribiendo y no he dicho nada profundo o inspirador, aún así, te doy las gracias si llegaste hasta acá. Sin nada más que compartir, me despido.
La Doncella de Plata.
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